Las esquelas en la Guerra Civil

Cuando alguien muere es necesaria la ritualización de la muerte, lo que los antropólogos llaman su «domesticación cultural». Así, se practica una despedida (religiosa o laica) al difunto, se acoge al cadáver en un lugar para que allí sea visitado y honrado, y se hace lo posible para que «descanse en paz». Enterrándolo luego o incinerándolo. De esa manera los vivos sabemos que podemos proseguir con nuestras vidas, y sabemos que cuando nos toque también seremos honrados. Y así desde los orígenes de la humanidad hasta ahora. Cuando surge algún conflicto para recibir esos últimos ritos, cuando no se sabe dónde está enterrado un familiar, entonces el difunto no descansa en paz. Eso es humillarlos después de muertos.

Durante la Guerra Civil española las esquelas supusieron, de hecho, lo que suponen ahora: informar de la muerte y de los ritos, religiosos o civiles, de despedida. El certificado de defunción que da el Registro Civil es un asunto privado de la familia, las esquelas son, por el contrario, un certificado social.

Estos dos ejemplos que incluimos son, por una parte, la del empresario y escritor Luis Fernández Valdés, conocido como Ludi, y autor del magnífico libro «Un kilo de versos», «vilmente asesinado por las hordas marxistas», y, por otra, la esquela de un guardia de asalto que en Gijón fue «víctima de la aviación facciosa».

Estas esquelas de Gijón certifican que en esos casos sí se culminó el ritual, incluso en el cabo de año. Son casos cerrados, de lutos resueltos, por ambos bandos, según la ideología de cada cual. Y eso nos hace reflexionar sobre lo malo que es no hacerlo. Lo malo fue -en la posguerra, ya cuando había vencedores y vencidos- el ocultar cuerpos y pretender ocultar la historia. Lo malo fue la indignidad proyectada de unos hacia otros, y de otros hacia unos, y esa angustia familiar que duró y dura, en algunos casos, durante más de siete décadas. Los gijoneses Luis Fernández Valdés y Faustino Rodríguez Rodríguez, con ideología política diferente, descansan en paz. Otros no pueden decir lo mismo.

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